• Columna 7

EL TABACO Y EL CARIBE

Actualizado: jul 17

Por: Jorge Enrique Elías-Caro.

Escribir sobre la historia del Caribe es hacerlo, en parte, de las plantaciones. Ya en una anterior ocasión traté el tema del azúcar. En esta oportunidad el turno le corresponde a otro importante cultivo dentro de la economía agrícola “grancaribeña”, me refiero al tabaco. Planta originaria de América que los nativos sembraron desde siglos antes de la llegada de los españoles al continente. Con el arribo de los europeos a las zonas del Caribe a fines del siglo XV, desde bien temprano en el siglo XVI, comercialmente hablando, fue un producto muy apetecido fruto del encuentro de los dos mundos.


Figura 1. El tabaco de la médica y naturalista Elizabeth Blackwell (1872). Herbario curioso, placa 146. Grabado en color; Figura 2. Tabaco. Escuela alemana del siglo XIX. Grabado en color.

Los primeros dibujos que se hicieron sobre este efecto fueron con fines académicos (estudios agrícolas) y de mostrar la flora que existía en los nuevos territorios que se estaban explorando. En principio, militares y religiosos, elaboraron las primeras impresiones gráficas, las cuales se realizaron con técnicas primitivistas y escaso rigor científico. Mención aparte merece el renacentista alemán Albrecht Durer (1741-1528), quien fue uno de los artistas pioneros en dejar sus impresiones sobre las hojas y flores del tabaco con una calidad extraordinaria y colorida propia de su estilo y época. Posteriormente, con la llegada de los expedicionarios del siglo XVIII y XIX, se hicieron dibujos ―promovidos por diversos herbarios y jardines botánicos― con mejores estilos artísticos, como el grabado en tinta y coloreado a mano, la litografía en color y la acuarela sobre papel, aunque más en detalle sobre las plantas y poco sobre las cosechas y el encadenamiento productivo que implicaba el sistema de esta plantación en sí. En este sentido, hacemos referencia a las haciendas, los trabajos de recolección de la hoja, la vida cotidiana en los jornales, los aspectos sociales y culturales de los campesinos o jornaleros y, por supuesto, de la industria tabacalera, sus bodegas y los procedimientos de siembra, recolección, empaque y transporte, como si se pudo evidenciar para las plantaciones de caña.

Dentro de estos artísticas que ilustraron científicamente al tabaco podemos citar a los médicos y naturalistas de las escuelas británicas, alemanas y francesas, entre los que sobresalen: Elizabeth Blackwell (1821-1910), quien fue la primera mujer en graduarse en esta disciplina en el mundo; Pierre Joseph Buchoz (1731-1807) y Basilius Besler (1561-1629).

En la medida que el tabaco iba penetrando nuevos mercados y se distribuía mundialmente ―también como imaginario colectivo universal―, se fue generando un ethos sobre su consumo. Aspecto este que trascendió de lo físico, ya que, desde una explicación de la psicología del consumidor, también empezó a consumirse culturalmente. Así las cosas, de manera sociológica y antropológicamente, se creó un imaginario alrededor de ello, lo que, para el caso particular del arte, también hizo que se trasladaran algunas prácticas y expresiones.


Figura 3: Vista de una vega de tabaco en Cuba. Escuela cubana del siglo XIX. Óleo sobre lienzo. Colección privada. Figura 4. Plantación de tabaco en Cuba de Claude Pratt (1916). Acuarela a color en papel. Colección privada.

Para el siglo XIX, ya en las pinturas empiezan a aparecer las personas llevando a cabo actividades de cosecha, del proceso industrial, así como la geografía y el paisaje tabacalero. Inclusive, las escuelas de arte como la de los Estados Unidos, la cubana y mexicana expresan con fuerza esta actividad económica como práctica cultural decimonónica. A lo largo de esta centuria las técnicas fueron variando. Por lo menos, la escuela cubana, en cuanto a ilustraciones de la vida en el campo y la cultura rural, avanzó mucho como corriente artística. La mentalidad de la sociedad caribeña estaba estrechamente relacionada con el mundo del tabaco. No solo se dibujaba al campesino y sus actividades de siembra, recolección, secado o empaquetado, sino que, fruto de esas conexiones, también se fueron haciendo impresiones sobre las élites y otros escenarios empresariales en los que este renglón económico se iba dinamizando. Como sector no solo avanzó en lo productivo o financiero, sino en todo su consumo cultural. Así se pintaba, a la vez, a los jornaleros en sus faenas de trabajo, los esclavos y a los hacendados-comerciantes que los distribuían en el mundo entero.


Figura 5: Heinrich Hirschsprung del impresionista Peder Severin Krøyer (1881). Óleo sobre lienzo. Colección Hirschsprung del Museo Stockholmsgade de Copenhague (Dinamarca); Figura 6. El comerciante de tabaco de Johhan Faber (s.f). Óleo sobre retablo de madera. Colección privada.

El danés Heinrich Hirschsprung (1836-1908), fabricante de tabaco, mecenas y coleccionista de arte, fundador de la colección de arte Hirschsprung del Museo Stockholmsgade en Copenhague, fue uno de los empresarios que más impulsó el arte relacionado con el tabaco. No hay que olvidar que las Islas Vírgenes Danesas desde el siglo XVIII fueron de su país hasta 1917 cuando Dinamarca se las vende a los Estados Unidos. Allí, en la isla de Saint Thomas, el puerto de Charlotte Amalie ―donde tenía su centro de operaciones logísticas y empresariales― fue declarado zona de libre comercio y el tabaco como efecto fue su principal producto de compra en las Antillas, principalmente Cuba, Santo Domingo y Puerto Rico, pero también en La Florida, Lousiana, las costas de México, Centroamérica, Colombia y Venezuela, desde donde los vendía para toda Europa y Asia.

Dentro de los pintores que dedicaron tiempo al sistema de plantación del tabaco en sí, como mercancía y sus interacciones sociales están: el impresionista británico Claude Pratt (1860-1935), quien recreó las siembras en Cuba a comienzos del siglo XX; el naturista y colorista noruego-danés Peder Severin Krøyer (1851-1909), pintor por encargo de las élites tabacaleras europeas, así como por el célebre paisajista Johann Joachim Faber (1778-1848), familiar de los fundadores de la poderosa empresa multinacional alemana productora de lápiz negro y a color Faber-Castell, la cual se creó en 1761. No obstante, una de las personas que más le dedicó tiempo a escenificar el consumo del tabaco en sus distintas expresiones y con diversas técnicas artísticas fue el estadounidense de origen irlandés William Michael Harnett (1848-1892), de estilo realista y famoso por sus naturalezas muertas. Además uno de los pintores que más representó la corriente del ilusionismo (engañar a la vista jugando con el sombreado y efectos ópticos) y la técnica pictórica del Trampantojo (trampa ante el ojo).


Figura 7: Tabaco y pipa (1877); Figura 8: Bodegón con caja de tabaco azul (1878); Figura 9: Naturaleza muerta con Three Castles Tobacco (1880); Figura 10: Naturaleza muerta con pipa (1880).

* Todas las obras son óleos sobre lienzo de William Michael Harnett. Con exepción de Naturaleza muerta con Three Castles Tobacco que se encuentra en la Collection Brooklyn Museum of Art, New York (USA), las demás hacen parte de colecciones privadas

Las técnicas artísticas con las que se han expuesto las distintas formas de representar las actividades sociales, culturales y económicas del tabaco y sus relaciones con la vida misma han sido muy variadas. Prima el uso de los aceites, tanto en óleos sobre lienzos como en retablos de madera, las acuarelas sobre papel, las litografías a color, los grabados en tinta negra y a mano en color, carboncillos, la técnica del pastel, daguerrotipos, fotografías para postales e ilustraciones a plumilla, esta última liderada por el agudo observador, escritor y artista norteamericano Samuel Hazard (1834-1876), quien desde su rol de comisionado del Congreso de los Estados Unidos visitó Santo Domingo en 1871 y dibujó de manera clara y concisa las actividades cotidianas de las faenas y facetas de la planta en esa isla, como también hacia 1868 había hecho unos grabados hermosos sobre distintos paseos de La Habana en Cuba.


Figura 11: Preparación de tabaco en La Hispaniola de Samuel Hazard (1873). Gravado; Figura 12. Cultivando y curando tabaco en las Indias Occidentales utilizando mano de obra esclava. Artista no clasificado (1686). Gravado. Ann Ronan Picture Library.

Con certeza las plantaciones en el Caribe, como actividades generadoras de empleo y creación de empresas, no han estado ajena a las conexiones culturales y expresiones artísticas, sin importar que sea caña de azúcar, banano, algodón, café, henequén, piña o cualquier otro tipo de estos sistemas socioeconómicos. No se puede desconocer que el tabaco ha jugado un papel importante en la construcción social del universo Caribe y en el tejido productivo de la región, pero, por encima de todo, en la formación de un entramado cultural único o casuístico propio de este espacio, y a la vez, diverso, rico en experiencias significativas, tanto en léxico, gastronomía, oralidades, narrativas, mitos, leyendas y, por supuesto, historias, y no solo económica, social o empresarial, sino del mismo escenario Caribe (insular o continental), en especial, por sus prácticas en la historia del arte.


Figura 13: Cultivo de tabaco en Cuba (1909). Artista no clasificado. Técnica en pastel. Colección privada.

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