• Columna 7

EL MAGDALENA: UNA REPÚBLICA INDEPENDIENTE REGIDA POR UN TIRANO


Por: Rosember Rivadeneira Bermúdez.


El Departamento del Magdalena, tristemente, figura en el engranaje nacional como una rueda suelta que deambula sin rumbo definido.

La administración seccional perdió la brújula que orienta su función política y administrativa. Desnaturalizó el rol constitucional de ser el instrumento de enlace entre los Municipios y la Nación, debido a que opera a través de un gobernador que, en su afán de totalitarismo, pretende deslegitimar a los estamentos democráticos ante los cuales debe concurrir, y de esa manera justificar la imposibilidad de cumplir el utópico programa de gobierno con el que asaltó la buena fe de los electores, al recrearles el infantil escenario de un Magdalena equiparable al territorio de Alicia en el país de las maravillas.


La gobernación del Magdalena ha roto los canales de comunicación con los Municipios y el Gobierno Nacional, pues el servidor público que la regenta le declaró la guerra política a los Alcaldes y al Presidente de la República, a quienes desafía públicamente y en contra de los cuales enfila la ruidosa voz de las organizaciones internacionales para intimidarlos y tratar de arrodillarlos como si fueran borregos que esperan la estocada final. De ahí que el Jefe de Estado arribe a nuestro territorio sin anunciar su presencia, evidenciando con ello el justo sentimiento de rechazo que lo aqueja, y que comparte la mayoría de los magdalenenses, ante un gobernador cruel y despreciable.


El espíritu bélico que posee lo extiende, incluso, en contra de los Congresistas, a quienes también revela su odio irracional para distraerlos e impedirles cualquier protagonismo en la realización de gestiones para solucionar las problemáticas de los Magdalenenses.


Por otra parte, resulta preocupante el abandono por parte de los órganos de control fiscal, disciplinario y de investigación penal, quienes se erigen como protagonistas de una gestión muda e invisible que se diluye en el campo de las ideas platónicas de imposible materialización.


Revela lo expuesto que, aunque nuestra Constitución Política de 1991 indique que el Departamento del Magdalena hace parte del Estado Colombiano, lo cierto es que actúa al modo de una república independiente.


Actuamos como una república que se reduce a escombros por los escandalosos índices de delincuencia común y organizada, y en la que el único que recibe un esquema de protección individual y desproporcionado es el responsable de todo este caos.


Simulamos a una República independiente con una malla vial destruida, con graves problemas en el suministro de los servicios públicos domiciliarios, con una población empobrecida y obligada a recibir el descrédito de ser una de las peores educadas a nivel nacional.


La confusión se apodera de los historiadores, académicos y espiritistas, pues no logran descifrar si el actual gobernador es la encarnación del terrible Maquiavelo o del iluso Tomás Moro, pues su obrar está plagado con igual porcentaje de maldad y de fantasía.


Se trata de un personaje egocéntrico, paranoico y esquizofrénico. Es la mano tenebrosa que oscurece el cirio de quienes lo rodean para vanagloriarse de ser la única estrella luminosa, el emperador del protagonismo, quien reclama la atención de todas las miradas y los aplausos.


Recientemente se ha destacado como libretista y cineasta, diseñando amenazas en su contra con el propósito de eludir el cumplimiento de las formalidades legales y abandonar impunemente el cargo para broncearse la piel en las playas del viejo continente.


Es un personaje que se oculta cuando los vehículos oficiales a su servicio arrollan a los contratistas y obreros departamentales, para luego transformarse en una bestia rugiente cuando otros cometen faltas similares, asumiendo incluso el papel de justiciero al disponer irresponsablemente del erario público, ofreciendo recompensas millonarias que estimulen la capacidad de invención de las mentes débiles y empobrecidas y obtener de ellas versiones testimoniales útiles para destruir a los miembros de las familias que considera como sus detractores.


No está de más evocar las épocas en las que nuestro gobernador escapaba de las prisiones estatales mediante la toma de medicamentos que simulaban infartos, logrando su traslado hasta un centro médico y, posteriormente, evadir y entorpecer la acción judicial desde la comodidad de su hogar.


Desde su aparición en el escenario político y administrativo ha realizado entradas triunfales y llamativas en las honras fúnebres de las víctimas, tanto de las que le imputa la justicia como de las que se achacan a terceros. En las primeras para disipar las dudas y en las segundas para infundir odio y despertar el perverso demonio de la incomprensión y la venganza que sirven como cortina de humo para ocultar sus desaciertos.


Lidera un movimiento político caprichosamente opositor a todo lo que parezca tradicional, pese a que en la actualidad, debido a su prolongada estancia en el poder, es merecedor del mismo calificativo. Incurre en conductas que trasgreden los principios filosóficos que rigen a la humanidad, con lo cual revela la corriente absolutista en la que pretende que naufrague la población, pues siendo un opositor, pretende imponer una hegemonía ideológica para destruir el pluralismo.


Afirma que sus desaciertos son errores provocados por los adversarios, al tiempo que califica como delito las equivocaciones de los demás, sin importar que sean cometidas por sus directos colaboradores.


Tengo claro que este personaje no es la encarnación de Moro ni de Maquiavelo, se trata realmente de Carlos Belcebú.


Por ello, elevamos la voz de socorro a los entes de control y ante el Gobierno Nacional que nos ha olvidado. El Magdalena reclama un renacer, merece disipar las tinieblas que lo cubren, desea vencer por medios legítimos al demonio que lo acosa, levantar la copa de la victoria y bailar al son de las notas de una auténtica y sana democracia.

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