• Columna 7

El IRREVERENTE GRITO DE LIBERTAD EN EL MAGDALENA

Por: Rosember Rivadeneira Bermúdez.



El Departamento del Magdalena ha expresado la proclama de libertad, cortó las cuerdas con las que fue manipulado y demostró que no carece de voluntad.


La asistencia divina nos rescató de las torturas del movimiento primitivo e impidió que la ciudadanía fuera arrojada a la oscura zanja en la que acecha el demonio naranja.


El pueblo ha despertado y su consciencia consolida. Los profetas anuncian que habitaremos en prados celestes, por eso nuestro espíritu no perece, aunque el alma sangraba dolida a causa de las mentiras fabricadas por el movimiento Caicedista.


En la historia colombiana quedará registrado que en marzo trece el populacho le dijo a Caicedo: ¡aquí la tienes para que me la beses!


Quebramos las cadenas de la nefasta doctrina en la que únicamente el odio se repartía; arrojamos a las profundidades oceánicas los grilletes del sometimiento y la esclavitud, y decididos conformamos una renovada multitud.


Sepa el país que el ciudadano magdalenense abandonó el papel de mula y se transformó en jinete. Y con cada voto en la urna oraba y escribía: “Caicedo Vete”.


Pero que Rafa también caiga en cuenta, porque en las esquinas populares, los suspicaces ciudadanos embriagados de contento gritaban con aliento a cerveza: ¡gracias por el billete de cincuenta!


Ahora en el presente acontece que fue a ustedes a quienes les cogieron el billete y luego les mostraron el dedo, porque no votaron por la lista de Caicedo.


Por eso en silencio amaneció Santa Marta y el Magdalena. El suave rocío de la noche humedeció la pólvora de los cohetes y los bribones cancelaron las celebraciones.


Nuevamente el pueblo silencia democráticamente a las bestias feroces que rugían en busca del escaso billete.


Solo una efímera fantasía conquistó, porque el pueblo le ha dado de beber el cáliz de la derrota. Y que aprovechen el cuatrienio del Congreso, porque en Santa Marta y el Magdalena para ellos se agotó la ración de queso.


Nos cansamos de la arrogancia, del mecenazgo y falso liderazgo, de la lengua inquisidora y perseguidora, y mucho más de la tendencia vividora.


Arrepiéntanse durante el poco tiempo que les queda en el poder, pues prontamente lo van a perder, en las llamas del infierno van a arder y en banquete se convertirán para Lucifer.


Pueblo amado, continúa orando, porque del cielo vendrá quien te libere del faraón, y serás conducido libremente durante el éxodo entonando una canción.


De nada servirán las estrategias para conquistarnos y volvernos a atrapar, ni las promesas de nuevas obras, que seguramente en proyectos, o en ruinas y con sobrecostos dejarán. No volverán a jugar con nuestros sentimientos para luego sumirnos en el tormento.


Atiendan la advertencia que del cielo desciende: ¡no osen en perseguir a los ciudadanos! porque el mar de la Perla se abrirá para que el pueblo continúe su trasegar y logre prosperar, mientras que ustedes en la tormenta perecerán.


Vitorea pueblo magdalenense lo que tanto has pedido en oración y conviértelo en el coro de una canción:

¡Libertad!

¡Libertad!

¡Libertad!

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