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EL FEMINISMO Y SUS MENTIRAS

(Lucha contra la cultura de la cancelación)


Por: Pedro González. Abogado.


En este artículo, o bien podría catalogarse como un memorial de agravios contra el feminismo moderno, y una vuelta de tuerca, retrataré las mayores mentiras del feminismo en toda su historia.


Uno de los grandes símbolos del empoderamiento feminista es la pintora Frida Khalo que besaba el piso por donde pasaba su marido (Diego Rivera), lo idolatraba y estaba loca por él, Cenicienta y Blanca Nieves son un remedo ante esta guía feminista. La desenfrenada obsesión de esta mujer por su príncipe era mucho mayor que cualquier cuento “machista”. Adoraba tanto a su esposo que se lo retrataba en la frente (se sugiere una simple búsqueda en Google para confirmar la información), una mujer que rendía culto a un hombre que le fue infiel hasta con su propia hermana, hoy es un símbolo del empoderamiento feminista, una ironía como para una pintura.


Otro mito es el del sufragio femenino. Las sufragistas inglesas, no luchaban por la igualdad de derechos, es más, ni siquiera abogaban por el voto universal, solo defendían este derecho para mujeres de un nivel económico respectivo, es decir, ricas. El sufragismo inglés, hizo un parón en su actividad en la primera guerra mundial para dedicarse al servicio del gobierno británico heteropatriarcal, machista, opresor y falocéntrico, que negaba el voto a las mujeres ricas para poner en marcha la iniciativa “Pluma Blanca”, la cual consistía en marcar a los hombres que se negaban ir a la guerra, de esta manera se les avergonzaba para que se alistaran al ejército.


Las sufragistas no solo no estaban oprimidas, sino que eran opresoras de aquellos hombres que no querían morir en una trinchera infestada de ratas y donde se respiraba gas mostaza en cualquier rescoldo. Hubiese sido más heroico pedir igualdad y exigir poder enlistarse al ejército y así dar la vida por su nación. Estas inocentes mujeres llegaron a cometer desmanes como prender fuego a edificios, bombas con metralla en lugares como la abadía de Westminster. Estas luchadoras mujeres no eran objeto de opresión, sino que eran esposas de burgueses que vivían de las rentas de los negocios de sus maridos, mientras en casa no hacían más esfuerzo que dar órdenes a sus criadas, de cuyos derechos no se preocupaban pese a ser sus congéneres. Para más inri, fue el partido laboralista a cargo de Arthur Henderson, quienes presionaron al gobierno de quitar su apoyo sino se aprobaba el sufragio universal. Fueron los hombres y no las mujeres quienes consiguieron el voto femenino.


Otra de las luchas incansables del feminismo es contra el mercado patriarcal, contra el capitalismo opresor que privilegia al hombre. El feminismo es servil y útil al capitalismo, pues este último no obtiene ganancias con una mano de obra femenina que está de ama de casa cuando podría estar en sus empresas y siendo una consumidora útil con salario propio, y ni siquiera esto último es un logro del feminismo, toda vez que, ésta siempre ha trabajado toda la vida, para un ejemplo tenemos países pobres como los africanos que es donde más índice de trabajadoras hay y ese continente no se caracteriza propiamente por ser un bastión del feminismo.


Lo anterior es lógico, ya que eso de que la mujer se quedaba en casa era un privilegio que solo tenían en los países ricos, donde la abundancia no necesitaba que las mujeres trabajasen, pues el sueldo del hombre ya era suficiente para mantener al núcleo familiar, cosa que es imposible en los países pobres. Y ni que hablar de todo el andamio que existe hoy en día para surtir a las mujeres de los productos que ellas demandan. Según un artículo del diario “La opinión”, las mujeres gastan a lo largo de su vida $526.000 dólares más que los hombres, siendo la belleza el gasto más relevante, llevándose la bicoca de $300.000, mientras que en vivienda invierten unos $24.000, es decir, una mujer a largo de su vida gasta más en maquillaje que en su propia casa.



La mentira no para ahí. Últimamente se ha hecho mucho énfasis en la dichosa brecha salarial, que no tiene en cuenta el número de horas trabajadas por cada sexo, la disposición de los hombres a realizar más horas extras, el embarazo de la mujer que la obliga a trabajar en muchos países media jornada. Inclusive el todopoderoso Google “descubrió” que les pagaba más a mujeres que a hombres por igual trabajo, o la poderosa Inditex (Industria de Diseño Textil, S.A.), de la que hacen parte poderosas marcas como Zara, Pull&Bear, Massimo Dutti, Bershka, Stradivarius, Oysho y Zara Home, en donde las mujeres ganan más que sus compañeros hombres, de eso nada se dice.


El cálculo que se debería hacer no es el de cuánto gana una mujer o cuánto gana un hombre, sino cuanto gasta cada uno y en qué. Los matrimonios funcionan con bienes gananciales, y el dinero que gana el marido haciendo más horas extras que su mujer, se reparte por igual según la ley, por ejemplo, es más fácil ver a mujeres en tiendas gastando el dinero que gana su marido, que ver a un hombre haciendo lo mismo con el dinero de su mujer.


Para ser justos la mujer enfrenta más desventajas en el trabajo a la hora del embarazo y que les puede costar un despido (cosa prohibida por la ley colombiana), mientras que los hombres enfrentan desventajas con un menor permiso de paternidad y menos tiempo para disfrutar con sus hijos.


Según las cifras internacionales las mujeres viven más y en la mayoría de países se jubilan antes que los hombres (5 años antes en Colombia), ¿Cuántas mujeres reciben pensión de sobreviviente respecto a los hombres que cobran dicho derecho? Las mujeres cobran más pensión de sobreviviente y al vivir más cobran más. Añadido a lo precedente las mujeres cobran más pensión alimenticia que los hombres al momento de enfrentar el divorcio, porque son ellas en su inmensa mayoría las que se quedan al cuidado de los hijos mientras los hombres trabajan y los ven menos.


Respecto a ese argumento que sostiene que las amas de casa trabajan gratis, No. Las amas de casa tienen un techo, compran ropa, comen, etc., porque una parte del sueldo de sus maridos se destina a ello, tienen un puesto de trabajo asegurado de por vida, sin entrevistas, ni jefes que las supervisen ante quienes no deben rendir cuentas, y tampoco tienen que competir con nadie para preservar dicho puesto. Él cálculo no debería ser cuánto vale el trabajo de esas mujeres y que supuestamente no cobran, sino cuanto del sueldo de un hombre va hacia una mujer por ser bienes gananciales, ese trabajo está más que remunerado, y la pensión de sobreviviente que antaño solo existía para mujeres equivale a que hubiesen cotizado una parte de su dinero a la seguridad social.


Si los hombres ganan más que las mujeres es porque escogen carreras mejor pagas como lo son las ingenierías. Las mujeres en general no se inclinan por estas profesiones porque la educación sea patriarcal, sino porque nuestros cerebros son distintos y las feministas se niegan a aceptar que esto conlleva a toma de decisiones distintas, prefieren creerle a su Diosa Simone de Beauvoir, que nunca demostró sus afirmaciones, antes que a la ciencia de la neurología y el método científico.

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