• Columna 7

EL DOCENTE DEL PRESENTE Y DEL FUTURO

Actualizado: sep 20

Por: Rosember Rivadeneira Bermúdez.


La apertura tecnológica, presente en la sociedad hace décadas, pero muy de moda en estos tiempos de caos mundial, ha generado la concurrencia masiva de todos los profesionales en el empleo de diversas herramientas virtuales que facilitan la continuidad de su labor y evitan la pérdida de contacto con los clientes, o consumidores de su saber.


El campo de la academia no ha sido la excepción. De ahí que, con motivo a la instrucción remota, circulan en la red millones de videos a través de los cuales el docente revela de una manera gráfica, animada y muy didáctica su conocimiento.


Ahora bien, el reto de emplear los medios tecnológicos no se reduce a la pericia en su implementación, sino en la capacidad de crear y publicar contenidos que puedan ser complementados por el docente, de tal manera que no excluyan su participación activa en el arte del saber.


De esta suerte, cobraría vigencia la importancia del docente cuando este conserve la capacidad de ampliar los contenidos difundidos de manera virtual, lo cual contrasta con la perniciosa y desagradable actividad de limitarse a reproducir a viva voz lo que el estudiante está leyendo en las gráficas. Este comportamiento ocasionaría la pérdida de interés del estudiante en el encuentro con el docente, limitándose así al empleo exclusivo del material tecnológico previamente suministrado, pues ninguna experiencia adicional encontraría al tener contacto con el creador del contenido virtual.


A los docentes que difundimos virtualmente nuestra cátedra, prontamente nos ocurrirá como a los animadores, cuenta chistes, entre otras personas, cuyo medio de sostenimiento económico radica en la transmisión de ideas ante un auditorio, los cuales han perdido protagonismo y, por tanto, la posibilidad de recibir ingresos con mayor periodicidad porque sus repertorios circulan sin ninguna restricción en la web, y con el agravante de que, al momento de ser contratados y tener contacto presencial con su audiencia, se limitan a reproducir los contenidos, por tanto, el espectador resulta frustrado porque su experiencia no le generó un estímulo novedoso o de mayor profundidad. En resumidas cuentas, pagó por algo que previamente había obtenido de manera gratuita.

Y desde luego que la estrategia no radica en publicar contenidos precarios o deficientes, esto es, la táctica no puede consistir en el egoísmo, sino en sembrar en el lector o espectador la necesidad de buscar algo más, así como la convicción de que podrá obtenerlo mediante el encuentro con el docente o profesional de que se trate.


En este orden de ideas, el reto a que se enfrenta el docente en esta apertura tecnológica exige la inteligencia suficiente para adaptarse al cambio, implementar las herramientas que le permitan suministrar una enseñanza remota, y tener la capacidad de complementar a viva voz los contenidos, bien con la exposición de materiales más profundos, o a través de contextos comparativos, por ejemplo, entre diversas corrientes del saber, las cuales difieran sustancialmente de lo que circula públicamente. La creatividad y capacidad de ampliar el conocimiento que previamente ha difundido, son los retos a los que se enfrenta el profesional de hoy para que el usuario no pierda la necesidad de contactarlo.


De esta manera los docentes, así como cualquier otro profesional, conservarán su presencia en el arte del saber y continuarán siendo beneficiarios en el proceso de intercambio económico.

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