• Columna 7

EL ARTE EN LA HISTORIA DEL CARIBE (I)


El mundo del azúcar

Por: Jorge Enrique Elías-Caro.

La historia del Caribe puede ser vista desde mucho matices. No obstante, todo apunta a un hecho trascendental como un encuentro entre varios mundos, donde lo económico, se combina con lo social, ambiental, político, tecnológico y cultural o entre sí. Las historiografías sobre el Caribe pueden ser amplias si se analizan desde lo social y cultural. En especial, la esclavitud, los asuntos raciales, la música, las danzas, la gastronomía, la literatura o el sincretismo. En lo económico, por el turismo, la pesca o los puertos. En lo ecológico, por los temas marino costeros, la biodiversidad de su fauna o flora, la pérdida de sus bosques y así. Empero, hay un tema que los reúne a todos y ese es el sistema de plantaciones. Aunque en el Caribe hay cultivos a gran escala, industrialización y comercialización internacional de bananos, café, tabaco, henequén, palma de aceite, algodón y otros, lo que más representa a este encadenamiento productivo, en el contexto Caribe, es el azúcar y sus procesos de agro-industrialización y distribución en mercados externos.


Imagen: Caña de azúcar (1833). Anónimo, Ilustración científica. Escuela Francesa.


Desde la llegada del europeo a la Hispaniola, primero con los trapiches, después en el siglo XVIII y XIX con el Ingenio, y más tarde con los centrales, la economía azucarera en las Antillas y en algunos sitios del Caribe continental, siempre ha sido el bastón que ha regentado no solo lo productivo del territorio, sino también las actividades conexas que de ello se derivan, ya sean políticas, sociales o cultuales. De estas actividades “plantacionistas” se formó una sociedad, una forma de vivir, hasta un empresariado. La llegada del esclavo africano y del europeo y sus relaciones con el nativo originaron prácticas culturales y expresiones artísticas propias.


Imagen: Molino de azúcar y esclavos en las Indias Occidentales de Paolo Fumagalli (1820). Escuela Italiana. Colección privada.

No obstante, la “sacarocracia” antillana (conformada por los funcionarios públicos coloniales, los hacendados y comerciantes llegados a las islas de Inglaterra, España, Países Bajos, Francia, Suecia y Dinamarca), trajo consigo otras artes. Entre ellas la plástica, que dependiendo el tiempo y los movimientos artísticos europeos, como fiel reflejo de ellos, en el Caribe se iban haciendo visible, y el mundo del azúcar no fue la excepción. Primero, como parte de las expediciones científicas y militares, y posteriormente, con la llegada de los ideales impregnados de Renacimiento y Barroco, pero después de los que llegaron en el siglo XIX con el Impresionismo o los del Paisajismo Latinoamericano, quienes influenciados por los relatos de viaje de Humboldt generaron toda una corriente artística en los Estados Unidos, es el caso de la Escuela Paisajística del Río Hudson.

Han sido muchos los pintores e ilustradores científicos que legaron su arte en pro de recrear lo económico, social y cultural de las plantaciones de azúcar en el Caribe. De la Escuela Italiana, contratados por los británicos, llegaron Agostino Brunias (1730-1796), quien pintó más de treinta obras durante el tiempo que vivió en las islas, primordialmente, en Barbados, Dominica, Sant Vincent y Sant Kitts. Incluso llegó a ser gobernador de esas colonias a fines del siglo XVIII. También sobresalió con excelentes trabajos Vittorio Raineri (1797-1869) o Paolo Fumagalli. De la Escuela Inglesa se puede resaltar al acuarelista de los paisajes costeros y los ríos, Charles Bentley (1805-1854), también a William Clark Wontner (1857-1930), W. S. Hedges, C. Bauer y Amelia Alderson Opie (1769-1853), escritora, poeta y pintora, quién dibujó la mano de obra esclava en las labores del azúcar y su cotidianidad. Siendo la pintora que más obra tuvo sobre la economía azucarera en las islas del Caribe. Otro que destacó fue Charles Robinson (1870-1937) con una vasta obra pictórica sobre la vida en el mundo rural. Antes de pintar sobre las islas fue un acuarelista, dibujante de fábulas y grabador de libros en Londres.


Imagen: Esclavos cortando el bastón de "Diez vistas en la isla de Antigua" (1823) de William Clark. Escuela británica. Óleo sobre lienzo. Colección privada.

. Por su parte, entre los franceses que pintaron sobre las plantaciones y las Antillas destacan Bernard Picart (1673-1733), sobre todo de Saint Domingue como grabador e ilustrador de libros. También, Pierre Dufflos (1742-1816), grabador a mano y en color de dibujos animados, quien con un estilo único dibujó la fisonomía de la gente y su vestimenta, al igual que el ilustrador científico, botánico y sacerdote Charles Plumier (1646-1704). O el caso de Charles Paul Etienne Desavary (1837-1885), quién pintó las fábricas de la industria, tal como se demuestra en una obra suya expuesta en el Museo de la Chartreuse en Douai, Francia, denominada “Vista de una fábrica de azúcar”. De la Escuela Norteamericana, podemos citar a los grabadores e ilustradores de libros Charles Mills Sheldon (1866-1928) y A. R. Ward.


Imagen: Una plantación de azúcar en el sur de Trinidad de C. Bauer (1850). Óleo sobre lienzo, colección privada.


Imagen: En el trabajo entre las cañas de azúcar de Charles Robinson (1912). Ilustración.

Ahora bien, de la Escuela Española o de caribeños que ilustraron el sistema de plantación y sus vértices, y surgieron de las escuelas de arte directamente formados en Cuba, México, Estados Unidos, España, Inglaterra, Francia o en otras partes del mundo están Víctor Patricio Landaluce (1830-1889), vasco, nacido en Bilbao, pero criado desde niño en La Habana. Igualmente está el dominicano Manuel López, quien dibujó sobre la Española ya dividida en Haití y República Dominicana hacia 1806.

Por su parte, en la litografía y fotografía decimonónica y comienzos del siglo XX, sobresalen el francés Adolphe Duperly (1801–1865), quien bajo el formato de daguerrotipo fotografió las islas de habla anglófona, en especial a Jamaica con imágenes sobre su economía y sociedad. También destacan con sus fotos los estadounidenses Clarence Hudson White (1871-1925), el cofundador de la corriente Photo Seccession y fuera reconocido como uno de los mejores pictorialistas. Asimismo, Benjamín Lloyd Singley (1864-1938).

Imagen: Plantación de la caña de azúcar. Anónimo Escuela británica (1820). Publicado por Infant School Society Depository, Londres. Óleo sobre lienzo.

El arte en el mundo del azúcar no solo se hizo para el mundo antillano. Estas manifestaciones como parte de las expresiones y prácticas culturales del pueblo también fueron parte del Caribe continental y se hicieron evidentes. Los cultivos en el golfo de México es una prueba de ello, al igual que en Brasil donde abundan las pinturas sobre este tema, en especial están las obras de la Escuela de los Países Bajos en cabeza del paisajista holandés Frans Post (1612-1680), y por supuesto, las de las guyanas británicas, francesas y de Países Bajos, como las de los paisajistas británicos Joseph Mallord William Turner (1775-1851), conocido como el “pintor de la luz” y Charles Bentley (1805-1854).


Imagen: Pueblo serinhaem en Brasil o el hogar de un plantador de caña de azúcar en Brasil de Frans Post (1662). Óleo sobre lienzo. Colección privada.

También se dibujaron las cosechas de caña, los trapiches y la gente en labores donde se sembró la planta para los países centroamericanos. Es el caso de los óleos que pintaron algunos artistas de la Escuela Americana en el siglo XIX sobre la agricultura, las siembras y el transporte de los bastones de caña.


Imagen: Campesinos recolectores de caña de azúcar, América Central. Anónimo de la Escuela Americana (1840). Óleo sobre lienzo. Colección privada.

Incluso para el caso de Santa Marta, en el Caribe colombiano, con la Hacienda de San Pedro Alejandrino, lugar que ocupa un espacio significativo, no solo por el trapiche y la infraestructura de la época que aún se conserva –al ser un museo histórico vivo–, sino por la muerte de Simón Bolívar allí, siendo llevada a las impresiones de la plástica en varias oportunidades y diversas técnicas, entre ellas las del acuarelista Edward Mark, quien la dibujó hacia 1843 cuando visitó a la ciudad entre 1842 y 1846. Espero que en una pronta edición pueda compartirles un trabajo sobre estas obras dedicada a este bello y emblemático lugar. Lo prometo.

El mundo del azúcar y el poder que ostenta la “sacarocracia” como sector productivo en las islas del Caribe, por todo lo que representa para sus economías, en pleno siglo XXI, para las artes plásticas aún es motivo de inspiración. Hace parte de su ADN social y cultural. Este renglón para la contemporaneidad provoca que desde distintas ópticas se aborde en la creación artística, es el caso de Sara Hayward, quien trabaja acrílicos y aceites sobre papel y estas fenomenologías son parte de su recreación, al igual que del barbadense Carlton Murrell, artista que ha seguido el estilo impresionista de Claude Monet, y ha expuesto en varias salas del mundo, entre ellos Nueva York, Barbados y en Trinidad y Tobago.


Imagen: Cosecha de caña de azúcar de Carlton Murrell (1986). Arte contemporáneo. Colección privada.

Así que en la historia del arte para el Caribe, tal como acontece en la historiografía económica, social, ambiental o cultural, el tema del azúcar y todo lo que de ello se derive, sigue aún vivo. Ha formado una identidad, pues ya hace parte de la mentalidad de los pueblos, como también de los imaginarios colectivos, puesto que, como fenomenologías objeto de estudio, genera inspiración, y no solo da pie para investigarla, sino para recrearla, ya sea con ficción literaria con la cantidad de cuentos o novelas que se han publicado para este universo, o para la creación artística, como muy bien lo hemos podido corroborar a lo largo de casi cinco centurias.

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