• Columna 7

EL ADIÓS DE UN JILGUERO

Actualizado: ago 3

Por: Rafael Porto C.


En un pueblito cerquita al valle,

nació un muchacho con una estrella,

con el prodigio de una voz muy bella,

lo que lo ha hecho ser importante.


Emiliano Zuleta Díaz.


Fragmento de la canción “El Jilguero”.


Se dice que con la muerte del cantante Jorge Antonio Oñate González nace la leyenda. Yo opino lo contrario, pues Jorge Oñate construyó en vida su propia leyenda. El cantor de la Paz, el Ruiseñor del Cesar, el Jilguero de América, el invencible, el más fuerte como popularmente se le conocía deja un vacío enorme en el folclor vallenato. La huella que deja como cantante vallenato bien se podría comparar con aquella que dejó José Alfredo Jiménez o Antonio Aguilar en el imaginario cultural mexicano.


Fue Jorge Oñate quien abrió el camino para que los demás cantantes transitaran. Con el Jilguero de América inicia la figura del cantante, pues antes de Jorge Oñate el acordeonero tocaba y cantaba. Mucho le deben las nuevas generaciones al padrote del canto vallenato.


La canción “El Jilguero”, autoría de Emiliano Zuleta Díaz describe de manera magistral lo que representa Jorge Oñate para la cultura vallenata. Con su garganta afortunada que en el mundo no la tiene nadie, por lo menos no el mundo vallenato, pues no hay una voz que se compare con la garganta prodigiosa del cantor de la Paz.


Jorge Oñate si que tiene una garganta bella y prodigiosa. Acierta Emiliano Zuleta en su canción, pues me llama poderosamente la atención como los demás cantantes de la música vallenata, así como Poncho Zuleta, Diomedes Díaz, Rafael Orozco, Silvio Brito, Beto Zabaleta, Iván Villazón, entre otros, tienen imitadores, al Jilguero nadie lo ha podido imitar, ni siquiera acercarse a la tesitura de su voz. El Oñate es el único cantante que no tiene imitadores y eso lo hace más grande.


A Jorge Oñate tuve la oportunidad de conocerlo –si la memoria no me falla– en 1995 en una fiesta privada, pero fue en 1996 con apenas 17 años de edad que tuvimos un acercamiento de artista a seguidor. Recuerdo como hoy aquella tarde dominical en el corregimiento de Bonda. Cantaba sus canciones a pulmón con varios amigos y en medio de la presentación el Jilguero de América le pregunta a un amigo (Armandito Cotes) que se encontraba en la tarima por mi nombre e inmediatamente se acerca al rey vallenato Álvaro López y le dice con voz fuerte: “compadre Álvaro repítame ese pase, pero organizadamente para Rafael Porto y todos sus amiguitos”. Realmente ese nombramiento, –que considero un gesto noble–, no me lo esperaba. Sinceramente me sorprendió. Los que amamos este folclor saben que el nombramiento de un cantante es todo un acontecimiento para un fiel seguidor como yo.


A Jorge Oñate se le recordará como el gran cantor, intérprete de las canciones más bellas del universo vallenato. Canciones como: amor sensible, los tiempos de la cometa, no voy a Patillal, el cantor de Fonseca, nido de amor, figuras de amor, noche sin luceros, noche de estrellas, canasta de ensueños, cadenas, el cariño de mi pueblo, y muchas más.


Defensor acérrimo de la música vallenata, celoso de su folclor y de sus seguidores. Hoy me dirijo a ti Jilguero y te digo que siempre fuiste y serás mi cantante. Como tú no nace otro igual. Serás recordado por todos, tu historia se ha escrito en el gran libro del folclor con la tinta indeleble del amor. Nadie podrá ignorar el inmenso aporte que hizo “el Papá de lo cantantes” como cariñosamente le decíamos –y le seguiremos diciendo– sus amigos y seguidores.


Su personalidad fuerte, aguerrida y decidida fue determinante para su carrera musical, por eso triunfó, porque en esta vida para lograr los sueños hay que tener determinación, así como la tuvo Jorge Oñate quien luchó por su música y entregó todo por este bello folclor. Hasta la vida entregó por su bendito vallenato. Recuerdo que de manera muy jocosa y con emoción en una parranda expresó: ¡“este vallenato es como el cáncer que no lo acaba nadie”! Jilguero: fuiste un guerrero, un luchador, fuiste el hércules del vallenato y por eso te recordaremos siempre.


Seguramente en el cielo se formará una gran parranda celestial con Rafael Orozco, Diomedes Díaz, Consuelo, Alfonso López, el maestro Rafael Escalona y Leandro Díaz, así que: ¡canta Jilguero, sigue cantando en el cielo que cuando tú cantas hasta la naturaleza sonríe!

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