• Columna 7

EDUCACIÓN Y PANDEMIA

Por: Ricardo Bolaño González.


Me apartaré esta vez de mis temas ordinarios, para atreverme a tocar uno de bastante interés por estos días: la famosa alternancia en las instituciones educativas.


No está demás resaltar que estoy lejos de considerarme un especialista en el tema, no soy médico ni mucho menos epidemiólogo, cuyos conceptos pretendan dar claridad frente a la problemática reciente. Simplemente, gracias a este espacio de construcción académica me parece interesante atreverme a dar una humilde opinión.


Todos sabemos lo duro que nos golpeó la pandemia, como el hecho de reconocer que no fue igual para todos. Por supuesto, en un país como el nuestro con tantos problemas de desigualdad, sólo se desnudó la multiplicidad de tareas que faltan por resolver en nuestro Estado.


El acceso a la educación es sólo una de ellas, si antes de marzo de 2020 para muchas esferas la educación superior era un privilegio, la virtualidad la limitó a quienes tenían acceso a una conexión por internet.


Pero eso es sólo una punta del Iceberg, basta echarle una mirada a las noticas y vislumbrar que tras la cuarentena y el encierro de no pocas familias, salieron a flote situaciones de violencia intrafamiliar, salud mental y por supuesto, deserción estudiantil.


Todos los que tenemos la fortuna de pertenecer al sistema educativo, estoy seguro, hemos puesto de nuestra parte, a los docentes nos tocó reinventarnos, siglos de tradición del encuentro cara a cara con el estudiante se fueron al piso, y debimos aprender a hablarles desde la distancia que da un computador.


Las directivas desde los límites presupuestales, algunos holgados otros estrechos, se han esmerado en brindar todas las herramientas posibles para que pese a los obstáculos seguir garantizando el servicio.


Y los estudiantes permanecen ahí, dispuestos también a adaptarse a la nueva realidad, siendo más que tolerantes con todo lo que ocurre, pues fueron los primeros en advertir que el Colegio y la Universidad van mucho más allá que la asistencia a un salón de clases, es la creación de vínculos interpersonales entre quienes integran el sistema educativo.


Mis mejores recuerdos del colegio, y no me castiguen por eso, no fueron las excelentes clases de Filosofía que me dio el gran Hermanazo, ni tampoco las grandes charlas que aprendí de mis profesores de español y que tanto me marcaron, son los lazos que construí con mis compañeros de colegio, profesores y directivos.


El mismo ejemplo lo puedo traer de la Universidad, considero haber sido un buen estudiante, por lo menos aplicado, y creo tener buenas bases de cada una de las materias que afronté a lo largo de mi carrera, pero nada mas entrañable, que las relaciones que logré crear en mi paso por la U tanto como alumno, como ahora de docente.


Es por eso que la marca de la pandemia será difícil de borrar, y por tanto se amerita el riesgo de la alternancia, teniendo en cuenta que aún no podemos hablar claramente de los efectos de la vacuna.


Y es aquí donde se advierte un análisis diferencial ante situaciones desiguales, pues no es lo mismo exigir la alternancia en un colegio rural que en otro urbano estrato 6.


En lugares alejados de la urbe, donde ni siquiera es posible acceder a agua potable, sería irresponsable poner en riesgo a la población estudiantil, sencillamente no están las condiciones dadas para ello.


Pero he sido testigo de grandes avances en otros casos. En el colegio de mi hija han venido diseñando el sistema de alternancia desde el año pasado, la socialización con los padres ha sido continua, ha habido claridad en la forma como esta se debe ejecutar, y por toda esa transparencia, pese al miedo, se autorizó su regreso.


Con la Universidad ha sido similar, mi calidad de docente catedrático me ha permitido estar al tanto de la forma como se debe llevar la alternancia que iniciará este mes en una de las instituciones educativas de la ciudad, los protocolos a seguir son igualmente claros, y por supuesto pese al temor, lo más seguro es que durante este semestre de el paso a atreverme a ingresar al proceso.


Lo anterior no impide que se mantenga el susto, no podemos olvidar que estamos ante una pandemia que, si bien no tiene una tasa de mortalidad similar a la de otras épocas, nos ha quitado seres queridos. Y aunque un solo muerto es suficiente para poner en tela de juicio todo lo que se está construyendo, también debemos entender que nos tocó adaptarnos a esta nueva realidad.


En conclusión, no podemos exigirles a todas las instituciones educativas que inicien la alternancia sin verificar que estén las condiciones necesarias para ello, pero aplaudo que en todas o en la mayoría se estén iniciando las gestiones para el regreso. Porque aún estando en la era digital, aún cuando tengamos el conocimiento a un click de distancia, si algo debemos aprender de la pandemia es a volver a vernos como seres humanos, a sentir empatía por el prójimo, y eso sólo se logra teniéndolo al frente.



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