• Columna 7

Editorial 29 de agosto: SER NIÑO O NIÑA

Según un estudio de la agencia de la ONU que vela por el bienestar de los niños, el género marca el camino de la migración y el desplazamiento forzoso de los menores de edad, pues los niños tienen más posibilidades de ser víctimas de los trabajos forzados y las niñas de la explotación sexual.


Según un informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia publicado recientemente, en el 2020 unos 35,5 millones tenían que vivir fuera de su país de y otros 23,3 millones lo hacían desplazados de sus hogares en su propio país.


El informe, titulado Uncertain Pathways (Caminos inciertos), revela que a lo largo del año se produjeron casi 15 millones de nuevos desplazamientos, es decir, 41.000 al día, y que el número de niños supera al de niñas.


Verena Knaus, directora de Migración y Desplazamiento de UNICEF, afirmó que, aunque hay mucho debate político sobre etiquetas como si un niño es un migrante o un refugiado, “sabemos sorprendentemente poco sobre cómo la migración y la huida se experimentan de manera diferente según el género”.

En ese orden de ideas, el género desempeña un papel crucial en la decisión de un niño de abandonar su hogar y determina sus experiencias a lo largo de su viaje.


Según Knaus, “el género sesga ciertas rutas y experiencias migratorias”, pues en 2020 nueve de cada diez niños no acompañados que buscaban asilo en Europa eran varones, más de la mitad de los cuales provenían de Afganistán, Marruecos y Siria.


Afganistán es el número uno en la lista de los 10 principales países de origen, con el mayor número de niños no acompañados que solicitan asilo en Europa.


Se sabe que, muchos más niños que niñas de origen afgano han emigrado a través de las fronteras, esto conduce a un desequilibrio de género, entonces, los interrogantes a resolver serían: ¿Dónde están las niñas afganas? ¿Dónde pueden las niñas afganas buscar protección internacional?


No hay duda que el motivo de migración obedece a diferentes razones, por lo tanto, se espera que los niños asuman el rol de soporte (económico) de la familia, mientras las niñas migran como una estrategia para retrasar un matrimonio precoz o la violencia sexual relacionada con la guerra.


En definitiva, los riesgos puntuales de la migración están relacionados con el género, pues las niñas sobrepasan a los niños en una proporción de cuatro a tres como víctimas de la trata de personas con fines de explotación sexual, mientras que los niños suelen ser víctimas de la trata de personas con fines de trabajo forzoso. En todo caso ser niño o niña en esas condiciones es una verdadera tragedia.

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