• Columna 7

Editorial 12 de diciembre: DE LA PAZ A UN ACUERDO SOBRE LO FUNDAMENTAL

El pasado 10 de diciembre se celebró el Día de los Derechos Humanos, y es menester recordar que las víctimas deben estar en el centro de todos los procesos de paz.


La sociedad no se alcanza a imaginar el dolor de cada víctima, seguramente las heridas del conflicto son únicas, personales y únicamente comprensibles por éstas (las víctimas); pero cuando se suma el dolor de un pueblo que ha sufrido los embates de la guerra, se convierte en una herida colectiva de la que nadie puede escapar.


“Las víctimas son la razón más importante de la presencia de la ONU en Colombia. Cuando hablamos de la guerra y la paz, no hablamos de ideas o conceptos abstractos, hablamos de la gente que sufre, sobre todo hablamos de los que murieron, de sus familias, de sus amigos; y hablamos de otros que fueron victimizados de muchas otras formas. Expreso mi profunda solidaridad y al mismo tiempo mi apoyo. Se que nada puede restituir lo que perdieron y por eso tengo que pedirles disculpas por no poder hacer más (…) Quiero escuchar lo que les parece que no estamos haciendo bien y podríamos hacer mejor”.


Con estas palabras, el Secretario General de la ONU– António Guterres– abrió el que fue su acto más emotivo de todos los que mantuvo durante su reciente visita al país para conocer el estado del proceso de paz; una visita efectuada cinco años después del Acuerdo de La Habana que ha intentado cerrar una guerra de más de cincuenta años.


Por desgracia, en esta clase de conflictos, los pobres, los más débiles y los campesinos son quienes ponen los muertos.


Se supone que el corazón del acuerdo son las víctimas, sin embargo, esto se ha venido desdibujando durante este gobierno. Hay una impresión general de que se ha reparado más a los victimarios que a las víctimas. A pesar de ello las víctimas aseguran que la paz es mejor que la guerra, y que gracias a la Comisión de la Verdad se está empezando a saber o a conocer lo que realmente sucedió en el transcurso del conflicto.


En suma, lo que más preocupa es que en algunas regiones –como el Catatumbo–, no cesa la violencia, y se cree que es por causa del narcotráfico, –seguramente en algo tendrá que ver–, no obstante, la ausencia, discapacidad, y la falta de voluntad del Estado y de este gobierno de implementar de una buena vez el proceso de paz es la principal causa de que la paz, o más bien de que el proceso de paz entre el Estado colombiano y las FARC-EP no se haya consolidado como se tenía previsto.


En ese orden de ideas tocará esperar a que un futuro gobierno, democrático, incluyente y de sólidos principios, como por ejemplo, el movimiento de Salvación Nacional, fundado por el inmolado Álvaro Gómez Hurtado, liderado hoy por el candidato presidencial Enrique Gómez Martínez tenga la oportunidad que no tuvo el líder conservador de llegar a la presidencia y termine de implementar el acuerdo de paz y que se lleve a cabo de una buena vez por todas en Colombia un acuerdo sobre lo fundamental.


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