• Columna 7

DERECHO Y JUSTICIA

Por: Rafael Porto C.


Noción de la voz derecho


Cuando escuché en los años de infancia la palabra derecho lo primero que me vino a la mente fue caminar recto, más tarde comprendí que el derecho estaba relacionado con caminar –permítanme utilizar un pleonasmo– por el camino recto, en otras palabras dirigirse o transitar por el camino correcto.


La voz derecho, proviene del latín directum, participio pasivo del verbo dirígere, que significa dirigir, conducir, orientar. Normalmente cuando escuchamos la palabra derecho la relacionamos con justicia y con lo justo. La voz derecho se ha empleado también para referirse a un conjunto de normas que rigen en un tiempo determinado en un país determinado (derecho vigente).


Muy probablemente desde el siglo XVI, por obra de Hugo Grocio, el término pasó también a utilizarse en el sentido de facultad o poder para hacer o no hacer algo de acuerdo con las normas, esto es, el derecho subjetivo. Se utiliza la voz derecho para referirse, verbigracia, al derecho constitucional, derecho administrativo, derecho natural, derecho positivo, derecho público, derecho privado, entre otros. En definitiva la voz derecho es un término que se utiliza con un significado análogo, donde en los casos mencionados tiene un sentido similar pero no idéntico.


El derecho es necesario para impartir orden en las sociedades, nos ayuda a apaciguar los conflictos, nos dirige y hace que la convivencia humana pueda desenvolverse de una manera más armónica. No concibo la vida sin el derecho, ahora bien, no todo lo que es legal es justo, por tanto el derecho debe orientarse al bien y perseguir la justicia, pues es menester recordar un momento histórico donde el derecho se degeneró, como cuando el poder político amparado en las leyes de un Estado pretendió exterminar pueblos enteros; un claro ejemplo; lo ocurrido con el pueblo judío durante la Segunda Guerra Mundial donde murieron en el holocausto nazi unas seis millones de personas.


Desde mi perspectiva el derecho podría tener la facultad de perfeccionar el espíritu del hombre. Con todo, ¿de que clase de hombre estoy hablando? Del hombre que es amante de lo justo, que tiende al bien y a la verdad. En lo personal entiendo el derecho como ese instrumento que pretende lograr la convivencia pacífica y armónica entre los hombres que tiene como fin alcanzar la justicia. El derecho es un ser vivo que se transforma según las necesidades de los pueblos que busca incansablemente la felicidad humana.


Una idea de justicia


Ahora bien, desde que tenemos uso de razón hemos escuchado hablar de la justicia, de lo justo y de lo injusto, pero realmente sabemos ¿que significa o que representa la justicia? A la eterna pregunta de la humanidad: ¿qué es la justicia? los grandes juristas de la historia han ocupado gran parte de sus vidas buscando una respuesta o por lo menos una aproximación. Intentar hallarla es una verdadera utopía. De manera clásica se puede definir la justicia como Ulpiano, jurisconsulto romano la entendió: “la justicia es la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo que es suyo”.


Sócrates, Platón y Aristóteles la entendieron como la virtud total. Cicerón se refirió a ella como “el hábito del alma, observando en el interés común, que da a cada cual su dignidad”. Santo Tomás de Aquino la definió como “el hábito según el cual con constante y perpetua voluntad se da a cada cual su derecho”. Por mi parte, entiendo la justicia como ese ánimo y compromiso eterno del espíritu del hombre de entregarle a cada quien lo que merece.


Eduardo Couture dijo que: “procura la justicia: tu deber es luchar por el derecho; pero el día en que encuentres en conflicto el derecho con la justicia, lucha por la justicia”. Con todo, justicia y derecho no pueden ser conceptos escindibles, no son una rueda suelta, por el contario, hacen parte de un mismo cuerpo como las piezas de un motor de un automóvil. La justicia tiene dos ámbitos; el individual y el colectivo, el primero se refiere a una virtud de la persona en sus acciones justas frente a sus semejantes, es decir, cada individuo posee en su espíritu una idea de justicia y el segundo se refiere a las instituciones, normas sociales y al Estado que ha creado unas normas en las cuales se establece lo que se debe y no se debe hacer.


Al interrogante eterno: ¿qué es la justicia? Es inevitable no recurrir al jurista y filósofo austríaco Hans Kelsen que en su obra ¿Qué es la justicia? sentenció: “en realidad, yo no sé si puedo decir que es la justicia, la justicia absoluta, este hermoso sueño de la humanidad. Debo conformarme con la justicia relativa… (…) para mí la justicia es aquella bajo cuya protección puede florecer la ciencia y, con la ciencia, la verdad y la sinceridad. Es la justicia de la libertad, la justicia de la paz, la justicia de la democracia, la justicia de la tolerancia”.


Ahora bien, se puede decir que casi todos los individuos tenemos una idea de justicia, o en palabras de Ricardo Rivero Ortega– rector de la Universidad de Salamanca– un instinto natural de justicia, idea o instinto que pretende acercarse a la verdad, mas el hombre que aplica la justicia es profundamente imperfecto, dicho de otro modo, el juez que administra justicia como cualquier ser humano comete errores y algunos en perjuicio de la verdad, en beneficio propio y/o de un tercero tuercen la pluma de la justicia. El juez que inclina su pluma en contra de la justicia se convierte en asesino del derecho y es comparable con el médico que envenena al enfermo.


Reflexiones finales


Volvamos al derecho. He dicho que el derecho es un instrumento, dicho instrumento es creado por el hombre a partir de consensos, en cambio la justicia es un deseo del espíritu, o acaso ¿quién no ha sentido felicidad cuando se hace justicia? ¿quién no siente regocijo en su alma cuando aflora la justicia?, es por eso que se puede relacionar la justicia con la eudaimonia, (felicidad, bienestar o vida buena). La justicia antecede al derecho. ¿Por qué? Porque como se dijo anteriormente todos nacemos con una idea de justicia en nuestro espíritu, pero el derecho se aprende estudiando (pensando) y la lectura es indispensable para ese fin que sumado a la práctica y a la experiencia es como se forman grandes juristas. En resumen, el derecho es el vehículo que nos conduce a la justicia.


Bien se puede comparar al estudioso del derecho (jurista) con un gran arquitecto, pues éste construye el inmenso edificio del conocimiento jurídico a medida que se van presentando problemas en las distintas sociedades. El artífice del derecho es incansable, su trabajo es permanente, pues siempre aparecen nuevas circunstancias que el derecho no posee la facultad de prever, entonces el derecho se encuentra en constante cambio, en permanente evolución y naturalmente debe adaptarse a la sociedad donde pretende operar teniendo en cuenta los usos, costumbres, tradiciones, aspectos sociales, culturales, políticos, económicos, religiosos, éticos, morales, filosóficos, etc.


Por otra parte, el arte del derecho surge para ponerle fin a la barbarie y a la violencia de la humanidad. Imaginemos una sociedad ideal, un país que para efectos de mi ejemplo lo llamaré Encanto, supongamos que en ese Estado no existen problemas, entonces ¿para qué el derecho? ¿Sería necesario el derecho– como lo entendemos hoy– en una sociedad de esa naturaleza? Creería que no. En ese orden de ideas, el derecho únicamente haría su aparición cuando surge un problema, un conflicto o controversia, mientras tanto se encuentra en reposo, es decir, en esas circunstancias no sería necesario acudir al derecho, empero no existen sociedades ideales, todas las sociedades modernas por más civilizadas que sean tienen problemas y necesitan indefectiblemente del derecho para resolverlos.


Contrario al profesor de Filosofía del Derecho de la Universidad de Navarra Javier Hervada– quien es Tomista– que sostiene: “el derecho, lo suyo, lo justo, son una misma e idéntica cosa”. En mi sentir, creo que el derecho a pesar de estar íntimamente ligado con lo justo no son la misma cosa. El derecho es el medio para un fin, y la justicia es un fin en sí mismo, por tanto es superior. Quién estudia y conoce las leyes se hace grande y fuerte, pero quien conoce la ley y busca la justicia se hace invencible.

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