• Columna 7

DE TROVADORAS, DE LUCHADORAS POR LA LIBERTAD A CIENTÍFICAS DE LA NASA

Pocas mujeres han podido escapar al infame olvido de la historia”.

Maribel Bofill.


Por: Esperanza Niño Izquierdo.


En la Edad Media existieron múltiples expresiones artísticas, entre ellas se encuentran los Trovadores. Aquellos hombres músicos y poetas compositores de sus obras, inspirados en la literatura o componiendo cantares que hablaban de los aconteceres diarios, algunos con marcado tinte picaresco. Estos personajes generalmente pertenecían a las clases sociales altas. Algunas veces interpretaban sus obras aunque generalmente lo hacían a través de los Juglares que eran en realidad músicos y actores de los textos escritos por otros. Se dedicaban a recorrer las cortes señoriales de la Provenza, sur de Francia, cuyo origen eran las clases bajas de la sociedad.


Entre los Trovadores más conocidos citaremos a Guillermo de Potiers, al mismo Papa Clemente IV cuando era apenas Obispo, el propio Rey de Inglaterra, Ricardo Corazón de León entre otros muchos.


Pero pocos han oído hablar de las Trovadoritzt (Trovadoras) y como afirma la divulgadora de historia de mujeres, Maribel Bofill, “Pocas mujeres han podido escapar al infame olvido de la historia”, entre muchas, ellas, las Trovadoritz.


Las Trobairitz eran trovadoras occitanas que entonaban poemas y canciones populares y conseguían que un gran número de personas las admiraran y respetaran ya que pertenecían a las clases altas, por más extraño que pueda resultar, atendiendo al papel que obligatoriamente debían jugar las mujeres en esta época. Fueron, según se ha investigado, las primeras en componer música secular ya que la única permitida era la música sacra.


Dentro de las clases bajas también habían poetisas y compositoras llamadas Joblaresses y se diferenciaban de las Trobairitzs básicamente por cuanto eran hijas de familias humildes. Sus trovas se quedaban en el señorío al que pertenecían. Estaría por demás reconocer que no hay registro de Joblaresses en la historia; toda vez, que si las mujeres de clases altas no contaban para los historiadores, las de las clases bajas ni existían.


Entre las Trobairitz que entraron a los anales de la historia se pueden citar a Alamanda de Castelnau, Maria de Ventadorn y Gormonda de Montpelier. Esta última escribió un libro llamado “Un sirventés”, que ha sido denominado "el primer poema político francés escrito por una mujer."


Tuvimos hace pocos días la oportunidad de ver y oír una particular entrevista que se le hiciera a la caleña Diana Trujillo, la única mujer vinculada al proyecto Rover Perseverance y que está a cargo del brazo robótico con el que se tratará de establecer si hubo alguna vez vida en Marte.


Decimos particular porque además de su desenfado al hablar, manifiesta que al elegir su carrera de ingeniería aeroespacial se encontró con muy pocas mujeres o ninguna en su campo en los Estados Unidos; “que ella estaba casi sola”, pero se animó a continuar su carrera cuando descubrió el hecho que en otros países habían algunas mujeres que se habían destacado en esta difícil área.


Manifiesta sin dudarlo que la discriminación y el machismo existen declaradamente en los Estados Unidos “no es que las mujeres seamos distintas, -dice-, ni es que aprendamos diferente”, es que simplemente es así. Ella ha sido la única mujer latina que ha alcanzado un alto cargo en esta importantísima Agencia donde se construyen las naves espaciales.


Hoy tiene Diana Trujillo, una organización que busca apoyar y vincular mujeres jóvenes latinas y afrodescendientes que han escogido esta carrera para que hagan parte de los proyectos que se vienen desarrollando en el campo aeroespacial. Explica el objetivo de esta organización, toda vez que a la fecha son muy pocas las mujeres que logran estudiar carreras tan complejas, “porque las consideran que no son capaces o que la hispana no sabe”. Señala igualmente, la escasez de mujeres en la Casa Blanca que ocupan altos cargos y mucho menos en la NASA.


Estas expresiones de Diana Trujillo nos hacen recordar inmediatamente a la historiadora inglesa Helen Castor, quien ha escrito libros diferentes a los tradicionales de historia con los que ha pretendido rescatar la lucha de las mujeres por conseguir reconocimiento social, cultural o político en Europa. En su libro “Lobas de Inglaterra” indaga en los anaqueles de la historia para descubrir el papel que jugaron mujeres que por derecho propio tenían la sucesión del trono Inglés, pero por el hecho de ser mujeres no pudieron acceder al poder real.


Al iniciar este valioso estudio, Helen Castor no duda en afirmar cuántos desarrollos en todos los órdenes ha alcanzado la humanidad, pero en materia de participación del género femenino se ha quedado atrás, “Me doy cuenta de lo mucho que se ha avanzado y lo poco que ha cambiado”.


Fue así, escribe, como en su momento histórico estas mujeres herederas al Trono resultaron perseguidas, difamadas, exiliadas ultrajadas. Se les llamó con el término Shakespereano “Lobas”, que definía cómo estas damas eran vistas: criaturas salvajes, peligrosas, eran monstruos. Ya que por sólo el hecho de serlo no tenían lo necesario para gobernar, eran débiles, menos racionales que los hombres, pecadoras, carecían de capacidad para dictar leyes. En una palabra, el ejercicio del poder por las mujeres resultaba antinatural, toda vez que estas tenían sólo el “divino derecho” de procrear y darle hijos al reino. Inicia su libro con la historia desastrosa e infeliz de Matilda hija de Enrique I y nieta de Guillermo el Conquistador quien fue llamada arrogante por que no quiso acatar las órdenes de sus consejeros masculinos y quiso actuar como “una mujer Rey”, doble papel imposible de aceptar por los hombres, hasta casi hasta su muerte, cuando ya no ella, pero su hijo llega a entronizar la corona Inglesa. Igualmente describe las difíciles vidas de Leonor de Aquitania, Isabel I de Francia y Margarita de Anjou como herederas mujeres.


Más adelante en el tiempo y en la historia, no podríamos dejar de señalar a una ilustre y audaz mujer que por defender los derechos femeninos perdió la cabeza, literalmente, la perdió, pues por sus ideas revolucionarias en la “Revolución Francesa” tan llena de derechos e igualdades, en su literaria Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano olvidaron incluir los derechos de la mujer. Nos referimos a Olympe de Gouges quien en 1791, cometió la osadía de proponer una Carta de Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, en vista de que de ellas y de sus derechos nada se decía en tan importante y trascendental documento.


Entre sus declaraciones incluyó el derecho a las mujeres de emancipación y que ellas tuviesen el mismo tratamiento y equilibrio judicial y legal que los hombres. En sus 17 artículos pone de manifiesto la libertad e igualdad desde el nacimiento de hombres y mujeres; el derecho al voto femenino, el derecho de ejercer poder sobre sus bienes: participar en la educación, en el ejército, y ocupar cargos públicos entre otros. En el Epílogo de esta Declaración escribió - vale la pena recordarlo-: “Mujeres ¡mujeres! ¿Cuándo dejaréis de estar ciegas? ¿Qué ventajas habéis obtenido de la Revolución? Un desprecio más marcado, un desdén el más visible... cualquiera que sean los obstáculos… podéis superarlos: os basta con desearlos!”


Olimpia de Gouges fue acusada de traidora a la Revolución por cuanto se opuso firmemente a la pena de muerte contra Luis XVI a quien le había propuesto defender en el juicio que se le adelantó en la Convencion, por lo cual fue llevada a la guillotina en 1793. Hoy desconocemos si su ejecución se llevó a cabo solo por defender la monarquía o más bien por su avidez en defender los derechos de la mujer que no fueron aceptados ni tan siquiera por los varones más radicales que dirigieron el movimiento revolucionario que reivindicó los derechos del hombre y del ciudadano.


Volviendo a nuestras latitudes, valdría la pena revisar la historia latinoamericana en su conjunto para descubrir que sucede y ha sucedido igual situación de invisibilización de las mujeres en las luchas libertadoras, para solo ocuparnos de este tema. Mujeres que fueron artífices invaluables por su valor y entrega a la causa independentista. Hoy Sabemos que en la independencia de Colombia por ejemplo, participaron como soldadas (permítaseme el término) y ayudantes del ejército libertador más de 200, algunas de ellas por su papel se denominaron “las juanas” por cuanto se desempeñaron como mensajeras o enfermeras. Otras fungieron como espías determinantes, pues entregaban importantes informes a los jefes militares patriotas sobre el desplazamiento de las tropas realistas, exponiendo su vida y siendo definitivas en la obtención de éxitos militares independentistas.


Así por ejemplo Francesca Guerra hacia 1814, de la mano de Simón Bolívar ayudó efectivamente a conseguir municiones y armamento para el ejército patriota. Simona Amaya se destacó por su gran valor ya que fue una de las mujeres que dirigió el ejército libertador en la batalla librada en el Pantano de Vargas, vestida con el uniforme militar de hombre para camuflar su verdadera identidad.


Habría que destacar todas aquellas mujeres que como otro ejército simultáneo de 200 personas laboraban como sastres, confeccionaban los uniformes o buscaban camisas y pantalones para donarlos a los combatientes. O qué decir de la contundente participación de Estefanía Parra, esta niña con tan solo 10 años de edad se convirtió en la espía más joven de América, por su osada aventura de informar “in situ”, al libertador Simón Bolívar cuál era la ruta indicada para encontrar y enfrentar a las tropas del Coronel Barreiro en la Batalla del Puente de Boyacá.


María Agueda Gallardo, desde muy joven en su casa paterna tuvo enorme influencia con las ideas independentistas. De allí convencida de esta necesidad, se convirtió en la heroína de Pamplona cuando el gobernador Juan Bastis y Falla, decidió prohibir la fiesta patronal de San Pedro. Doña Agueda enfurecida, enfrentó valientemente al gobernador quitándole su bastón de mando y tirándolo al piso, situación que provocó la reacción inmediata del pueblo reunido que aprovechando el disturbio le puso preso. Luego de estos hechos, se conformó un Cabildo Abierto que daría lugar a la constitución de la Junta Revolucionaria de Pamplona. Desafortunadamente y como suele suceder en los sistemas patriarcales como el nuestro, se firmó el Acta de Independencia de 1810 de la ciudad de Pamplona y doña María Agueda Gallardo nunca figuró en dicho documento, muy seguramente por su condición de mujer.


Finalmente, se puede concluir de estas pocas historias de mujeres aquí muy sucintamente relatadas, pues no tendríamos espacio suficiente para registrar el papel de ellas en todos los órdenes, artes, oficios y ciencia en el devenir de los tiempos, para llamar la atención de lo poco que ha cambiado la percepción que se tiene del sexo femenino desde las trovadoritz hasta la científica más destacada de nuestro país.


Nota: El canal Institucional presenta un recomendado programa llamado “Bicentenario: Anécdotas de a Voz a Vos”, guiado por Kepa Amuchastegui. (Hoy en You Tube).

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