• Columna 7

DAVID, UN EJEMPLO PARA LA DEFENSA

Por: Ariel Alberto Quiroga Vides. Abogado litigante en derecho penal, Socio fundador de Uno Legal, Secretario General del Colegio de Abogados de la Universidad del Magdalena, Columnista, invitado asesor en programas de radio.


Desde que estábamos en la Universidad, nuestros profesores de Derecho nos inyectaron en la psique que el sistema penal en Colombia es de corte adversarial con igualdad de armas, es decir, que en el choque de intereses que se fragua entre la Fiscalía y la Defensa, ambas partes tienen iguales elementos de ataque y defensa para resguardar sus objetivos, sin embargo, esto en la práctica no es así, aunque hay maneras de salir triunfantes.


En primera medida, comparto la opinión que el Dr. David Matiz Pinilla, planteó en su obra “Coaching. Litigio y defensa estratégica”, cuando comparó la gesta de los abogados defensores con la leyenda de David y Goliat, donde nosotros somos el flacucho David, y la Fiscalía el robusto y bien alimentado filisteo, pues, en definitiva, nos enfrentamos a un Leviatán de más de 20 mil funcionarios y miles de millones de pesos en presupuesto. No obstante, David derribó a Goliat, con un solo movimiento pero que fue a la yugular (realmente a la frente).


La peor desventaja de una buena defensa tiende a ser los recursos económicos, toda vez que no todos los clientes son acaudalados y con suficiente solvencia para sufragar los gastos de un equipo de investigadores y peritos, y es ahí donde nos parecemos a David, pequeños y mal pertrechados, sin embargo, tal como lo explica Matiz, el gran tamaño de la Fiscalía se inclina también a ser su mayor desventaja.


Lo anterior, se debe al exceso de carga laboral sumado al desorden administrativo que abunda en los despachos fiscales, lo cual genera que el primer movimiento del titular de la acción penal en un proceso ordinario, que es la presentación del escrito de acusación, venga con errores imperdonables que la defensa deberá explotar sin piedad hasta la llegada del juicio oral.


En últimas, su enorme tamaño le resta agilidad, y nos da margen de maniobra a pesar de las monedas con las que cuenten los clientes, e incluso, a costa de que el abogado litigante no solo se enfrenta al ente acusador, sino también al representante de víctimas, al ministerio público y en algunas ocasiones hasta con el Juez, que guiado con la premura de poder marcar diligencias terminadas, puede estorbar la labor de la defensa.


El defensor por más pequeño que se vea debe sentirse un gladiador en la arena, algo así como; Máximo Décimo Meridio, comandante de los ejércitos del norte, general de las legiones Fénix, fiel servidor del verdadero Emperador Marco Aurelio, para poder dar un digno duelo donde a pesar del resultado el cliente se sienta satisfecho, pues su abogado dejó la gota gorda en el coliseo. (Siempre quise citar Russell Crowe).

Más allá de que la Fiscalía tiende a ser el brabucón de la calle, lo cierto es, que ese factor es fácilmente contrarrestado con la principal característica de un litigante, en los términos del famoso abogado estadounidense F. Lee Bailey en su obra Como se ganan los juicios “tal vez el rasgo principal en la personalidad de un buen abogado litigante sea una confianza innata en si mismo, que es muy necesaria para actuar con rapidez y decisión, cuando no hay tiempo para consultar a los demás, ni alguien que le aconseje, en otras palabras, esta no es una profesión en la cual se pueda consultar a papá…”


Cómo colofón, en temas de defensa penal el tamaño no es lo que importa…

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