• Columna 7

COLOMBIA: A SANGRE FRÍA

Por: Catalina López Lafaurie.


Los colombianos no tenemos recuerdos de un país pacífico, de hecho la historia está manchada con sangre desde la conquista, la colonia, la regeneración, la disputa entre los conservadores y liberales, el frente nacional, las Farc, el narcotráfico, las autodefensas, y hoy, las instituciones del Estado atacando civiles.


¿Por qué es tan difícil en este país saborear la paz? Con franqueza digo: no lo entiendo.


No se trata de un Gobierno o de otro, como bien lo mencioné anteriormente, la historia está desangrada. Parece que somos un pueblo destinado a la violencia en el que, como una hemorragia la sangre no cesa.


Los noticieros, prensa y medios radiales están llenos de titulares sin empatía, a veces irrespeto y otros, de desconocimiento.


En las últimas semanas, la indignación ha crecido porque nuestro Estado Social de Derecho, está vulnerando esos derechos. Las instituciones gubernamentales están atacando a quienes deben proteger: la ciudadanía.


Primero fue Dilan Cruz, el joven de 18 años asesinado por un agente del Escuadrón Antidisturbios (Esmad) al accionar contra él, un arma no convencional en las protestas de noviembre del 2019 en Bogotá. Las marchas fueron convocadas para prevenir la reforma laboral y pensional que el Gobierno alistaba, exigir más inversión en la educación y, protección para los indígenas y líderes sociales encerrados en una oleada de asesinatos. Dilan, se convirtió en el símbolo de las manifestaciones.


Luego fue la niña de 13 años, perteneciente a la comunidad indígena Embera Chamí en Risaralda abusada sexualmente por siete militares ¡SIETE! Cuando se dirigía a comprar frutas y nunca regresó, hasta ser encontrada a orillas del río atemorizada y cubierta de sollozos. ¿Quién está protegiendo a nuestros indígenas? Desde la conquista hasta hoy siguen recibiendo abusos, pocas veces son tenidos en cuenta en las decisiones trascendentales del país, cada tanto amenazan sus territorios, colocan en vilo sus tradiciones ancestrales; olvidan que nuestra generación existe gracias a su resistencia.


Hace unas semanas, Javier Ordóñez quien en estado de alicoramiento fue asesinado a manos de la Policía en Bogotá. Sí, a manos de quienes debían corregirlo y salvaguardar el derecho fundamental a la vida. Doce corrientazos de taser, mientras él gritaba ¡ya no más por favor! no fueron suficientes. El informe de Medicina Legal, reveló nueve laceraciones en el cráneo, un estallido en el riñón derecho, una hemorragia interna en su cavidad abdominal y esquirlas de proyectil de arma de fuego incrustadas en una pierna. Es decir, la tortura continuó.


Y ahora, nos sacude la muerte de Juliana, sí ella, los medios de comunicación no reconocieron su identidad, la que ella eligió y su nombre no es un alias. Una mujer trans fue asesinada frente a su esposo en Miranda, Cauca al realizar un giro en la vía pública cuando de entre los matorrales salieron militares emprendiendo la brutal ráfaga de balas terminando con la vida de Juliana de 36 años. No había retén, no tenían antecedentes y tampoco salieron ilesos.


¿Qué tienen en común estos casos? El uso desmedido de la fuerza, el abuso de la autoridad con los civiles. Quizá estos sean los más visibles por su viralidad en las redes y el despliegue mediático, pero ¿qué pasa con los que no vemos?


Por nuestras calles corre sangre fresca y en las grietas se acumula sangre seca. Es la historia, son los hechos. Queremos cambios, pero hasta eso es politizado. Actos de sensatez envueltos en diplomacia. Nada verdadero, solo pañitos de agua tibia sin condolencias.


La violencia NO es justificable. Hay quienes en medio de la trifulca, justifican estos actos diciendo que esa persona no era “una perita en dulce”. Entonces ¿se lo merecía? ¡Por Dios! Nada justifica quitarle la vida a otra persona. Cuando no nos duele el muerto, creemos que tenemos derecho a juzgar.


El Gobierno no se disculpa, justifica, encubre; dice que son “manzanas podridas”, solo que parece que toda la ensalada de frutas está putrefacta, corroída de gusanos y esperan que los ciudadanos, aun así nos la comamos.


A todo esto, le sumamos las masacres presentadas en este año. El Instituto para el Desarrollo y la Paz (Indepaz), ha realizado un informe con cifras que dejan un vacío en el pecho: 246 personas han muerto en 61 masacres, la mayoría en Antioquia, Cauca y Nariño.


Nuestro cuerpo es como el Estado, cuando un sistema falla, el resto comenzará a fallar. Las manzanas podridas son las células malignas que poco a poco van alterando el comportamiento del cuerpo, se almacenan en un órgano vital hasta que deja de funcionar, alterando los demás organismos y provocando la muerte. En este caso, el diagnóstico de Colombia es Alzheimer, se nos olvida la historia y lo que no recordamos nos sigue haciendo daño hasta matarnos.

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