• Columna 7

ANONYMUS, CIBERACTIVISMO VS. CIBERCRIMINALIDAD

Por: Cristian Morelli E.


Como bien es sabido, en las últimas décadas el grupo Anonymous ha sido el principal grupo de ciberactivismo a nivel mundial, que ha tenido dentro de sus banderas, ser una forma de resistencia política en las sociedades de control actuales. El ciberactivismo no es una figura nueva. Para adentrarnos en su estudio resulta necesario traer a colación a Steven Levy, un periodista estadounidense que ha escrito varios libros sobre computadoras, tecnología, criptografía, internet, ciberseguridad y privacidad.


El autor en mención, en su clásico Hackers: héroes de la revolución informática, reveló el código ético, la motivación y el espíritu de la primera generación de hackers, siendo estos individuos cuyo hábitat natural eran los laboratorios del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) a principios de la década de 1960. Levy muestra que en el centro de la cultura hacker está la idea de que la información debe ser completamente gratuita y que el uso de las computadoras, debido a su potencial revolucionario, debe ser lo más universal posible, entre sus ideas principales está que:


1. El acceso a las computadoras debe ser ilimitado y total.

2. Toda la información debe ser gratuita. Desconfiar de la autoridad, promover la descentralización.

3. Los piratas informáticos deben ser juzgados por su piratería, no por criterios falsos como grados, edad, raza o posición.

4. Puedes crear arte y belleza en una computadora. Las computadoras pueden cambiar tu vida para mejor (Levy, 2010; énfasis en el original).


Siguiendo este orden de ideas, se denota un claro altruismo y carácter inclusivo en los inicios del ciberactivismo, me atrevería a decir que dicho aspecto es su razón de ser, al servir hasta hoy como instrumento de causas sociales en todo el mundo. Por otro lado, se debe destacar que las acciones hacktivistas intentaron pasar desapercibidas. Sin embargo, este escenario cambió a finales de la década de 2000. Con la llegada de Anonymous, comenzó un nuevo capítulo en la historia del activismo hacker. A partir de 2008, el hacktivismo no solo comenzó a revivir, emergió de la clandestinidad y llamó tanto la atención que los gobiernos y las corporaciones comenzaron a preocuparse. Escondidos por sus máscaras de Guy Fawkes, cientos de individuos y grupos hacktivistas de todo el mundo se han sentido en libertad para realizar diferentes acciones, luchando por llamar la atención de la prensa y desafiar las facetas del control.


Anonymous recientemente volvió a ser objeto de comentarios públicos en nuestro país, –a favor en su mayoría–, por haber saboteado cibernéticamente las páginas web del Ejército de Colombia, del Senado de la Republica y de Presidencia. Además, estos han advertido que “sabotearán cualquier tendencia que no sea relevante o que intente desviar la atención de la sistemática violación de los derechos humanos que se está produciendo hoy en Colombia”. En este sentido se reafirma el carácter altruista y solidario que tienen estos grupos ciberactivistas, esto, teniendo en cuenta que en las marchas que se han convocado en el país, para alzar una voz de protesta en contra de la reforma tributaria, ha habido fallecidos, heridos y desaparecidos.


El derecho penal específicamente en nuestro país, no ha sido ajeno a estos nuevos delitos que están entre nosotros, producto del avance tecnológico que ha tenido nuestra sociedad, es por eso que a partir de la Ley 1273 de 2009, se tipificaron los delitos informáticos en Colombia, entre ellos: acceso abusivo a un sistema informático; obstaculización ilegítima del sistema informático o red de telecomunicación; interceptación de datos informáticos; daño informático; uso de software malicioso; hurto por medios informáticos y semejantes; violación de datos personales; suplantación de sitios web para capturar datos personales y transferencia no consentida de activos. Debemos decir que los anteriores han sido instrumento de política criminal nacional para refrenar la cibercriminalidad que actualmente va en auge, nacional e internacionalmente.


Para finalizar, debemos concluir diciendo que el ciberactivismo, si bien transgrede normas penales que regulan lo concerniente al ámbito delictual por conducto de la tecnología, como ya se ha explicado, tiene por lo general motivos altruistas, exentos de búsqueda particular de intereses, sino que se muestra como una coadyuvancia a las luchas sociales y anticorrupción que en las últimas décadas se han alzado en contra de gobiernos de todo el mundo. Por otra parte la ciberdelincuencia tiende a atender propósitos individuales, como por ejemplo, captar información en redes digitales sin permiso alguno para beneficiar a una o varias personas o apropiarse de dinero electrónico por conducto de maniobras fraudulentas.

81 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo
©®Copyright