• Columna 7

“A ORILLAS DE LOS RÍOS DE BABILONIA…” (PARTE II)

Por: Marcos Rafael Rosado Garrido.

Arriba. Genio alado con cabeza de águila (detalle) de la mitología asirio-caldea y babilónica. Museo Británico. Londres.


Viviendo la dura experiencia del exilio (¡Jerusalén, si yo de ti me olvido que se seque mi diestra!) los israelitas, conscientes de su identidad nacional, y manteniendo su espiritualidad con la esperanza del retorno, procedieron a poner en orden y dejar fijada en el tiempo y espacio su historia y religión escribiéndolas, para formar un estado anímico que permitiría su supervivencia como pueblo por 4.000 años, superando secularmente las persecuciones y todo intento de exterminio.


Para esta época las antiguas narraciones tradicionales y la Ley fueron plasmadas en la escritura: Génesis, Éxodo, Levítico y Números. Lo mismo los libros Josué, Jueces, Samuel, Reyes, y, posteriormente, el Deuteronomio, con los cuales comienzan los hebreos a estructurar su historia justificadora de pueblo elegido por Dios.


Acudiendo para esto incluso a la figura de la antedatación, sistema en el cual fechas y hechos muy anteriores a uno posterior, sirven como fundamento justificativo y génesis a éste último, por ejemplo, el explicado en la primera entrega sobre el regreso del exilio babilónico a la tierra prometida haciendo relación al Éxodo mosaico.


En el Deuteronomio podemos encontrar las justificaciones para la continua expansión del Estado de Israel antaño y hogaño. Los discursos de Moisés en este libro, son un llamado al imperialismo: “… ¡En marcha!, partid y entrad a la montaña de los amorreos, y donde todos sus vecinos de la Arabá, la Montaña, la Tierra Baja, el Negueb y la costa del mar; en la tierra de Canaán y el Líbano, hasta el río grande, el río Eúfrates…id a tomar posesión de la tierra que Yahvé juró dar a vuestros padres Abraham, Isaac y Jacob, y a su descendencia después de ellos”.

Nuevo material de tipo histórico religioso, incluso con un carácter bastante mitológico como son los profetas y sus predicciones u oráculos, puesta en duda metódica su existencia por la arqueología bíblica contemporánea, llegan a esa recopilación.


La antigua religión con rezagos de politeísmo, heredado de los que acompañaron a Abraham desde la ciudad de Ur a Canaán, que incluían mitos sumerios y divinidades familiares con sus respectivos ídolos, sustituidos más adelante por el de la diosa Ishtar o Astarté tan común en el medio oriente, comenzó a decantarse influenciada por la cultura babilónica-fenómeno explicado en la columna anterior- y a concretar el dios único universal. Los textos de los llamados, Profetas Mayores, Isaías, Ezequiel, Jeremías y Daniel, y de los conocidos como Profetas Menores, Oseas, Joel, Zacarías, Malaquías, etc, comienzan a ser recopilados y a ocupar lugar de predominio en la nueva estructura histórica- religiosa que se forma durante en exilio.


Se dice por los estudiosos del período, que la antigua religión hebrea comienza en el exilio su transformación a la más general y universal religión judía, que perdurará hasta los tiempos contemporáneos.


Sería a los profetas, más exactamente Isaías, a quienes los israelitas acudirían con su ya acostumbrado sistema de la antedatación, para señalar y justificar los tiempos de Cristo y la figura de este mismo en la lucha contra el imperio romano y la oligarquía judía. Manipulando y adaptando a la circunstancia de opresión de Roma la profecía de aquel, doscientos años antes, de que de una mujer virgen nacería el Mesías, del linaje de David, que lideraría al pueblo hebreo contra un opresor en tiempos difíciles, los hebreos comenzaron la lucha política de liberación que siglos después devendría en la religión cristiana.


Los profetas encierran no solamente un carácter místico, sino también económico-político, pues fueron críticos acerbos de las diferencias entre las clases sociales hebreas, del poder desmesurado de los latifundistas pero, sobre todo, de la prepotencia corrupta de los reyes y de la dirigencia religiosa.


Señalando que la salvación no llegaría mientras no se obviaran esas torcidas situaciones, fueron perseguidos e incluso sufrieron martirio por su actitud, como Zacarías quien fuera lapidado. Los profetas no fueron sumisos ni idealistas a pesar de su función, presentaron una actitud militante de reclamo y claramente de compromiso social.


Señalaríamos que esos criterios de redención serían esgrimidos dos mil años después por aquellos que como Erasmo de Rotterdam, el Cardenal Cisneros, Martin Lutero y otros, reclamaban un regreso al cristianismo puro y sencillo por parte de la Iglesia de Roma corrupta, lujuriosa y rica, más preocupada por el poder político y económico que de su verdadera naturaleza.


En esa evolución religiosa de siete siglos de duración y convivencia con los babilonios, es normal que muchos aspectos de la mitología babilónica, y de las mesopotámicas en general (sumerios, acadios, asirios, etc.) también absorbidas por estos, fuesen asumidas por los exiliados israelitas. Con el tiempo no solo harían parte de la Torá judía, sino también de la Biblia cristiana y de El Corán islámico.


El origen del hombre, de la humanidad, que encontramos tanto en la Torá, como en El Corán, y en la Biblia en el Génesis, encuentran su origen en los mitos sumerios tomados por los babilonios y transmitidos a los hebreos. Para comenzar, la palabra “Paraíso” es de origen persa – firdaws jardín - y traduce algo como un jardín circundado por un muro. De ahí llegaría al griego paradeisos, al latín paradisus, y a nuestro vocablo español.



Era el nombre con el cual los nobles y ricachones persas designaban su casa rodeada por un hermoso jardín, con fuentes de agua y árboles frutales.

Presumiendo y alagando a sus huéspedes paseándolos por sus bellos jardines,se sentían plenos de éxitos y orgullosos de la vida.


Arriba. Der. Adán y Eva. Alberto Durero (1.507). Museo del Prado. Madrid.







Los sumerios, los caldeos de la Biblia, describieron su mitológico lugar análogo con la palabra Edén, que significa llanura no cultivada y, para más, con la palabra Adán al hecho de asentarse en la llanura.


Los babilonios, herederos de los mitos sumerios, fueron un puente entre estos y los hebreos con su religión reelaborada y, posteriormente, con las otras dos derivadas monoteístas. Una tablilla de arcilla, en cuneiforme, encontrada en la ciudad sumeria de Nippur, permite colegir la influencia del mito mesopotámico en la Biblia, al describir ambas el lugar como “una tierra pura y brillante que no conocía ni la enfermedad ni la muerte”.


La creación sumeria del hombre, difiere de la hebrea o la cristiana. En aquella es creado por el máximo dios Anu o An, a petición de los dioses de la tierra y el aire de que creara una criatura que trabajara en lugar de ellos.


Pero, la creación de la primera mujer parece un calco en las tres, con algunas variaciones: Enki, dios de las aguas, desposa a Ninursag, diosa madre de la tierra, y procrean tres generaciones de diosas.


La diosa- esposa destroza a Enki por comer unas plantas que ella había sembrado- la desobediencia a lo prohibido- pero un zorro convence a la diosa de perdonar a Enki y volverlo a la vida. Esta crea una diosa para cada pedazo de Enki y pueda ese pedazo volver a vivir. Una de esas partes es la costilla, y en sumerio costilla es Ti, luego la deidad creada para curar esa parte de Enki fue llamada NINTI que significa La dama de la costilla que cura o La dama que hace vivir.

Tanto la costilla como la diosa respectiva entraron a nuestras religiones como EVA, la generatriz de la raza humana.


Con relación al Diluvio universal las similitudes entre la tablilla sumeria que relata la versión sumeria y babilónica y las contenidas en el judaísmo y el cristianismo son coincidentes en grado sumo. Dos partes de una misma tablilla fueron encontradas por el arqueólogo inglés George Smith en 1.872, una en el Museo Británico y otra, a millas de distancia, en la biblioteca de Asurbanipal en su palacio en Nínive. Unidos ambos pedazos la tablilla se encontró en ella la narración de Ziusutra o Utanapishtin (el equivalente sumerio a Noé en el Génesis) y la gran inundación (2000 a.C).


Isthar, la diosa del cielo, la tierra y el infierno. Representada una corona de arco iris, con búhos y leones a sus pies. Museo Británico. Londres.


El lugar de la tragedia es Suripak, una población situada en la desembocadura del Tigris y el Éufrates. La causa de la ira de los dioses son los pecados de los hombres. En la tradición judeo-cristiana Dios advierte a Noé lo que va a ocurrir, lo instruye sobre la construcción del arca y sobre las parejas de animales.


En el mito mesopotámico es Ea, dios del mar y la sabiduría, quien instruye igualmente a Ziusutra sobre la construcción naval y la pareja de cada especie animal. Lloverá, seis días y seis noches, Ziusutra envía primero una paloma y posteriormente una golondrina, que regresan a la arca al no encontrar comida y tierra; luego, es enviado un cuervo que al encontrar tierra come hasta saciarse y no regresa más.


En el mito judeo-cristiano el aguacero dura cuarenta días, luego Noé suelta al cuervo y a la paloma, los cuales una y otra vez regresan al no encontrar tierra, la segunda vez la paloma retorna con una rama de olivo en el pico, demostrando así la baja de las aguas y la existencia de alimento. Posteriormente la diosa Isthar o Astarté inconforme con lo ocurrido jura por su corona- el arco iris- que nunca más volverá a haber un diluvio. En el mito de Noé, el arco iris aparece como señal de paz entre Dios y los hombres. El olivo y el arco iris simbolizan la concordia y la paz entre los hombres y la divinidad. Tanto Noé como Ziusutra hacen un sacrificio a Dios, y las paces están dadas.


Con la Torre de Babel y su mito, la relación entre los dos mundos y religiones alcanza el concepto de la formación de los pueblos y naciones, lo que llamaríamos contemporáneamente geopolítica. En el Génesis, se habla de un tiempo “…en la que toda la tierra tenía una sola lengua”, la adámica, la que hablaba la humanidad descendiente de Adán.


El mito se afianza en la soberbia de los hombres descendientes de Noé, convencidos de que podrán burlar otra rabieta de los dioses por culpa de sus pecados y, obsesionados “… por crearnos un nombre”, deciden construir una torre tan alta que alcance el cielo en abierto desafío a Dios (o a los dioses). Dicha soberbia es castigada confundiendo las lenguas de todos los que trabajaban en la construcción de la torre, impidiendo su comunicación y por ende la continuidad de la obra. Dice la Biblia: “…así fue llamada Babel porque el señor confundió allí las lenguas de toda la tierra”.


La palabra babel es hebrea, derivada del acadio-la lengua internacional de entonces- babili, nombre con el cual los acadios llamaban a Babilonia y que traduce La puerta de Dios o La puerta del cielo, debido a la magnificencia de aquella ciudad.


El autor del Génesis elaboró un juego de palabras valiéndose del acadio y el hebreo al mezclar babel con babal (mezclar o hacer confusión, en hebreo) cambiando la mencionada lengua única o adámica por la babélica, la de la confusión de lenguas.


Otros mitos, como el del Pecado original, captados por el pueblo judío en Babilonia, entrarían en las religiones monoteístas derivadas de la hebrea, pero narrarlos todos resulta difícil por espacio.


(FIN PARTE II).

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