• Columna 7

A LA CONQUISTA DEL OLVIDO

Por: Elsie Betancourt.


La relación entre memoria y olvido es incuestionable. No se puede hablar de la memoria sin hablar del olvido. De hecho creo que olvidar no es malo, porque ¿que tal que pudiéramos recordar cada minuto y cada detalle de nuestra existencia y de lo que hacemos a diario?… ¡sería insoportable y cansón! Lo que puede preocupar es olvidar cosas que pueden ser importantes y útiles para nuestra vida. A medida que envejecemos, según los neurólogos, el funcionamiento de nuestro cerebro va variando y no tiene la misma capacidad que cuando jóvenes. Para nuestra tranquilidad, los médicos dicen que no hay nada extraño en olvidar de manera ocasional fechas, actividades, nombres, si somos conscientes de ello y no va en contravía de nuestras actividades rutinarias.


Un ejemplo que ilustra cómo el olvido entierra grandes hitos en la vida, es el que puedo extraer de un interesante curso al que asisto, sobre los Grandes Imperios Europeos del siglo XVI. Me ha llevado a reflexionar sobre el hecho de que pasaron muchos siglos y mucha sangre para que algunos –no todos– comiencen a ver la conquista de América como el primer paso en la destrucción cultural y económica de todo un continente. La imagen de Cristóbal Colón desembarcando en la nueva tierra descubierta, transmitió durante muchos años la sensación de alivio y esperanza, que de no haber sido así no seriamos la civilizada América que somos hoy, sino salvajes sin alma y sin Dios, ajenos por completo al progreso. Hoy se cuestionan esas “proezas” de los conquistadores y se asocian a los grandes genocidios que ha habido en la humanidad. ¿Será mejor seguir olvidando y no desenterrar esos hechos? De pronto serviría para no replicar hoy, lo que no tiene razón de ser.


Con frecuencia hay que desempolvar el cúmulo de hechos, vivencias o experiencias vividas, que reposan en nuestra memoria musical, sensorial, personal, muscular, etc. para que no queden perdidos en lontananza. Hace unos días recibí un simpático video en el que desfilaban representantes de 2 generaciones: la de ayer y la de hoy… comparaban por ejemplo canciones cantadas por 2 “gomelos”, en donde con la gorra al revés, sin camisa y con una grabadora gigante al hombro, entonaban canciones de Maluma, Bad Bunny, J. Balvin, Ozuna, etc.… (unas lindas y la mayoría irreverentes y que agreden a la mujer); mientras, en contravía se oían las canciones tradicionales de las verbenas de barrios, siendo un par de señores con un tocadiscos de los antiguos en hombros los que pasaban y entonaban: canciones de la vieja guardia, salsa y boleros que son una apología al disfrute de la música que sensibiliza corazones y no los instintos … ¿será que sucumbirán esos registros musicales que cuando pequeños escuchábamos, ante los avasallantes rapeadores de ahora? En nosotros está recuperarlos. A lo mejor sonará como a “Música Vintage” para las nuevas generaciones pero vale la pena para los de la Generación X, Millenials, etc.


Casi siempre cuando recordamos: añoramos y sonreímos. En algunas ocasiones funciona para tener presentes nuestros errores y no volverlos a repetir. Hay que tomarlos de una manera enriquecedora. Los recuerdos de la vida nos ayudan a valorar lo que hacíamos antes, por ejemplo de la pandemia: salir a pasear, ir a un café con amigos, ir al cine.


No sé si aplique el dicho “todo tiempo pasado fue mejor…” puede que hoy esté mandado a recoger; de pronto yo diría que el gozo de tener familia y amigos ayuda a revivir los momentos de grata recordación, reto para todos los que nos proponemos conquistar el olvido. Esto me lleva a recordar un bello poema que encontré de autor desconocido en donde el afirmaba que “El paso del tiempo no es olvido, ni el silencio su razón, no se olvida con la mente se olvida con el corazón….”

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